¿...?
¿Qué ocurrirá mañana? Quizá la muerte.
¿Disfrutamos realmente con lo que hacemos? Caminamos por las interminables praderas y corremos por ellas. ¿está el mundo hecho para nosotros o nosotros para el mundo? extraños días los que vivimos en este lugar, plagados de dudas e incógnitas. idas y venidas. enfrentamientos y huidas. ruido y silencio.
sentemos a la felicidad en nuestras rodillas y acariciémosle las piernas hasta que gima de placer.
camino de la mano de la confusión y la amargura. las puertas están cerradas, ¿qué habrá más allá?
en lugar de preguntar, abrámoslas, ¿qué peligro hay? ¿la muerte? gastamos más dinero en poner en peligro nuestras vidas y que en cuidar de ellas: tabaco, comidas cancerígenas, alcohol...¿qué sentido tiene, pues, huir de la muerte si nos acercamos a ella a pasos agigantados? ¿por qué no copular los unos con los otros?
en mitad de las calles, en las playas, en los balcones...
miles de aves atraviesan el cielo en busca de alimento. su camino es claro, preciso; sin posibilidad de error. seres genéticamente preparados.
me adentro con miedo en la profundidad de las grandes ciudades, temeroso de lo que ocurrirá, camino observando el panorama y me pregunto a qué se dedica la gente, qué les provoca la felicidad.
abrazo la esperanza y le confieso al odio que tengo miedo. la confusión me provoca miedo. Apocalipsis mental.debo derribar grandes y fuertes muros.un grito desgarrado de ayuda se ahoga en lo más profundo del mar. tapémonos los odios y miremos hacia
delante. que se ahogue la gente. no pasa nada. todo volverá a la normalidad.
no puedo andar sin piernas, no puedo volar sin alas. impotencia. ¿las críticas? qué más dan, no son sino un síntoma de aburrimiento ajeno, de vidas vacias, de sentimiento de superioridad. el sol se pone traslos oscuros edificios acariciados por el humo de la muerte. llanto. el principe no podía reinar,
pues no tenía piernas para caminar ni alas para volar. deseo de autoextinción. la bola de fuego atraviesa
nuestras vidas. a unos les quema, a otros les llena de glorias y éxitos. tenemos que estar preparados.
un día caminaré muy lejos de aquí, donde sólo podrán llegar aquellas personas que realmente quieran estar junto a mí.
no es dificil adivinar que la eterna soledad será mi mejor amiga. compartiremos penas, silencios y conversación.
nos miraremos, y dormiremos juntas. maduraremos al mismo tiempo y ella me arropará cuando mi alma, exahusta,
abandone mi cuerpo.
ojos caidos,
tristes,
desesperados,
otean el horizonte
esperando
la divina aparición
del gran velero
que les lleve
a las tierras
más lejanas,
donde el agua es agua,
la tierra es tierra,
y el aire es aire.
xevi molas

avl digital dijo
Somos totalmente artificiales. Incoscientes. Hemos creado a nuestro alrededor un supramundo atestado de cosas, pensamientos, gestos e ideas superfluas, como un sistema capitalista, arbitrariedades, protocolos, ideas filosóficas o preguntas como la de qué hay más allá de la muerte, como si nosotros, los hombres, hijos de una deidad inventada, tuviéramos incluso superioridad en ese sentido al resto de la Naturaleza. Un supramundo gobernado por el peor de los gobernantes: la raza humana.
Algunos nacen para ser estrella, otros para estrellarse, como si hubiera un camino, un director de orquesta, un ser magnánimo calculador. El único punto de encuentro es uno: la muerte. Es de lo único que estamos seguros. Recorremos multitud y diferentes caminos, pero el fin irrevocable ya lo conocemos de antemano. Gracias a ella existe la vida.
Preguntarse constantemente acerca de la muerte puede ser contraproducente. O beneficioso. Contraproducente porque quien se dedica a ello a diario está desperdiciando el tiempo, si éste se pudiera desperdiciar, porque también hay quien disfruta haciéndolo. Tiempo, magnitud tan relativa. Para algunos escaso, para otros eterno. Preguntarse constantemente acerca de la muerte puede ser beneficioso porque nos hace sentir vivos, preguntarnos qué vamos a hacer hoy, qué quiero ser o llegar a ser.
Todas estas deliberaciones nos hace repugnantes, nos hacer ser personas. El resto de animales, como nosotros, pero más sabios y generosos con sus congéneres, se dedican a lo que dictaminan sus genes. Mecanicistas. No estoy a favor de ello, pero ayudaría a ahuyentar tantas trivialidades.
29 Marzo 2007 | 12:51 PM